18 mar. 2012

¿Qué hubiera sido de mi vida si...?


Una investigación de A. C. Stevens (que nos lleva de viaje a 1962). Durante la primavera de 1962, Marilyn Monroe viajó a Méjico. Aquel viaje, en el que se reunió con su último amante, el playboy local Jose Bolaños, era decisivo para la actriz. Así se lo había comunicado a sus amigos: "He tomado una decisión, viajaré a Acapulco y adoptaré un hijo". Su incapacidad de ser madre era una de sus grandes preocupaciones. Una de las causas de su depresión en los últimos tiempos de su matrimonio con Arthur Miller fue haber perdido el hijo que esperaba. Esa desesperación de Marilyn era perfectamente observable en las escenas de The Misfits (John Huston, 1962).


La última ilusión
Cuando M.M. volvió de Acapulco, al cabo de un par de semanas, estaba radiante. La idea de adoptar el niño le seguía rondando reiteradamente por su cabeza, pero no había dado paso alguno para llevarla a término.
Pero en Acapulco Marilyn "encontró" lo que buscaba. A partir de aquel momento el resto serían sólo las indispensables formalidades legales. Por lo que Eugenio Castellanos, de 14 años, podría considerarse el hijo de la estrella.
Desgraciadamente, el destino arrolló el proyecto de Monroe. Cuando murió, el 5 de Agosto de 1962, no había tenido tiempo de adoptar a Eugenio.

Un tal Eugenio Castellanos
Y hoy, en el barrio más humilde de Acapulco, Eugenio Castellanos intenta olvidar que estuvo en un tris de ser él también un célebre personaje.
Es limpiabotas. Vive con sus familiares en una cabaña de maderos, pintada de rosa, en medio de un laberinto de callejuelas.
El que pudo ser el hijo de Marilyn Monroe nos habla en exclusiva de su bello y triste fracaso. Atentos.

La piscina del Hotel Prado
"- Empezó todo un sábado. Me acuerdo porque el sábado visito siempre el Hotel Prado. Yo entonces era ya limpiabotas. Recuerdo que estaba limpiando el calzado de un americano junto a la piscina cuando una mujer rubia, americana también, me indicó que me acercara a ella. En cuanto acabé de limpiar los zapatos de mi cliente me dirigí hacia aquella señora. Iba acompañada de un traductor, al que, por petición de ella, le conté mi historia. Cuando el traductor explicó a la señora que yo era huerfano, ella pareció emocionarse mucho y me dijo: "No tengo hijos y quisiera adoptar uno. Pareces tan trabajador y amable que me gustaría que fueses tú. ¿Te gustaría?"
Yo no sabía exactamente lo que aquello significaba. Pero he pensado que ella quería ocuparse de mí, darme dinero, encontrarme trabajo, quizá. Entonces le respondí que sí. Que estaba de acuerdo. Ella me tomó la mano y me dio un billete de cien pesos. Luego me dijo: "Tengo que regresar muy pronto a los Estados Unidos. Debo consultar con mi abogado para poder adoptarte legalmente. Antes de partir volveré a verte. ¿Dónde puedo encontrarte?". Le expliqué que todas las mañanas limpiaba zapatos delante de la iglesia, antes de visitar los hoteles. No me atreví a decirle donde vivía porque me avergonzaba de mi casa rosa hecha con maderos. Ni siquiera me atreví a preguntar el nombre de la señora."

Una bebida helada en el Mirador
Eugenio ignoraba, pues, que había hablado con Marilyn Monroe. El muchacho prosiguió su relato:
"- Cuando abandoné el hotel estaba loco de alegría. Los primeros días no hablé a nadie de esto, pero hice montañas de proyectos. Por fin dejaría de limpiar botas. Cada vez que entraba en uno de los hoteles de Acapulco, el Mirador, el Hilton, el Villa Vera, me decía que prontó estaría sentado en una de aquellas mesas de la terraza, tomando una bebida helada junto a la señora americana."

Llegó el otoño
Sin embargo, las ilusiones de Eugenio se desvanecieron.
"- Pasaban los días, las semanas...Pasaron los meses...La mujer rubia no reaparecía."
Por fin, Eugenio aceptó la realidad.
"- En septiembre, cuando vuelve la estación de las lluvias, cuando ha desaparecido el último turista, comprendí que aquella rubia no vendría jamás a buscarme."


Las aventuras perdidas
Eugenio no supo nunca por quien había estado a punto de ser adoptado. Ha sido ahora, cuando ha sido informado de los detalles complementarios de su fracasada aventura. Se le ha dicho quien era la dama y porqué no había podido cumplir su promesa. Al dejarle, el joven mejicano tenía los ojos llenos de lágrimas. Luego se ha dirigido al puerto, donde ha subido a un carguero japonés.
El que hubiese podido ser el hijo de Marilyn Monroe trabaja todas las mañanas como descargador en los muelles de Acapulco, antes de colgar en su hombro la caja de limpiabotas.

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