27 jul. 2013

Hollywood is a state of mind


por Anita Dawson*

Más de seis años después de ¿Qué Fue de Baby Jane? (1962) y Canción de Cuna para un Cadáver (1964), los nostálgicos ejercicios de Robert Aldrich sobre el Grand Guinyol (entre el horror decadente y el tributo Camp al Hollywood de ayer), Curtis Harrington presentó ¿Qué le Pasa a Helen? (1971), que revivía la formula con un toque inesperado y lleno de estilo. Helen llega más allá que cualquiera de sus predecesoras en el género (dejando de lado ¿Qué Fue de Tía Alice? (Lee H. Katzin, 1969), producida por Aldrich, por alejarse de los elementos idiosincrásicos de Hollywood) al crear una nueva rama en el cine de horror, alejada del tono auto-consciente, narcisista y guasón de Robert Aldrich.

La línea argumental se ajusta al tipo. Dos mujeres, que huyen a Hollywood para escapar de la mala publicidad tras el juicio por asesinato que condena a sus hijos, son perseguidas por los siniestros recuerdos del pasado (con llamadas, cartas y visitas entrometidas) hasta que una de ellas enloquece y toma venganza contra las personas que las acosan. Aquí, a diferencia de Aldrich, en el que vemos a una Baby Jane niña en pleno alboroto, Henry Farrell sitúa su historia en un Hollywood en plena Gran Depresión. Anunciado en un cine vemos un cartel de The Black Cat (Edgar G. Ulmer, 1934), que nos lleva a un momento de la historia en que Karloff y Lugosi eran tan famosos como Harlow y Temple. En un nivel puramente visual, esta polaridad proporciona alternancias fascinantes entre el Art-Decó de un sueño plateado de Hollywood mezclado con las luces y sombras de un Gótico contemporáneo de siniestras capas (la corpulenta presencia de Michael MacLiammóir invoca el espiritu de Lugosi).

La forma que tiene Harrington de suministrarnos pistas falsas a lo largo del film tiene la ventaja de obligarnos a centrar nuestra atención en cada uno de los exóticos personajes y escenas en las que descubrimos efímeros homenajes a aquel periodo: Desde el tango en un yate de lujo, a la evangelista Amy Semple McPherson, pasando por uno de los Freaks de Tod Browning. Cuando la huída de nuestras heroínas a Hollywood termina en la fundación de una escuela de talentos para futuras Shirley Temples, en el escenario vemos una terrible representación basada en una coreografía a lo Busby Berkeley de Animals Crackers (Victor Heerman, 1930) con bailarines dentro de un enorme tazón de sopa, y el sensual número de una Mae West de 8 años de edad bailando sobre un brillante telón de barras y estrellas adornado con un águila.
Lo maravilloso es que Harrington mantiene el argumento en medio de todo este bric-à-brac. Pero como demostró en Games (1967), él tiene una habilidad para crear tensión sin una preparación previa. Un uso prudente de los tradicionales dispositivos para crear suspense-planos cenitales de los personaje subiendo escaleras, un movimiento de grúa a là Hitchcock en el que pasamos de un plano de Adelle y Lincoln besándose en un coche a otro con Helen mirándolos vengativamente desde una ventana-nos pone en la pista de que algo va mal. Y aunque la historia pueda parecer algo simple, individualmente las escenas están muy bien resueltas (Harrington sabe que las conversaciones en una escalera siempre son una amenaza extra) y la trama está unificada por el uso de imágenes recurrentes (muñecas, espejos, tijeras, la figura troquelada de Adelle a tamaño real).

Hitchcock es el nombre que viene habitualmente a la cabeza, pero no porque Harrington haya construido un pastiche a partir de la obra del director inglés, sino porque él sabe perturbar al público con medios puramente cinematográficos. Queda por ver que hubiese hecho con medios más ambiciosos. Mientras tanto, ¿Qué le Pasa a Helen? produce un considerable placer, sobretodo por la grandes interpretaciones de Debbie Reynolds y Shelley Winters, como las heroínas, y el robaescenas Michael MacLiammóir, como el histriónico profesor de teatro Hamilton Starr ("con dos Rs para hacerlo más difícil"), amante de los epigramas wildeanos.

*Conocimos a Anita Dawson en la sesión de tarde de un pequeño festival de cine, y hablando descubrimos que compartíamos fascinación por las películas de Kenneth Anger, en las que colaboró Curtis Harrington como actor. Ella fue la primera que nos habló de la pertenencia de ambos a la sociedad secreta The Magic Circle, inicio de la posterior y célebre The Church of Satan.
Colabora: equipotucson(.)gmail.com
2007-2015©Equipotucson